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Lo que vemos en el taller

Vibraciones, golpes contra fondo, palas comidas por la cavitación y pasos que ya no son los que ponía el fabricante. Aquí lo contamos como se lo contamos al que entra por la puerta.

Por qué vibra la hélice de tu barco

Una vibración nueva casi nunca se arregla sola. Suele ser la primera señal de algo que lleva tiempo pasando por debajo de la línea de flotación.

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De qué depende el precio de reparar una hélice

No hay tarifa plana, y desconfía de quien te la dé por teléfono sin ver la pieza. Sí hay cuatro factores que explican casi toda la diferencia de precio.

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Qué es el paso de una hélice y cuándo conviene cambiarlo

El paso es la marcha que lleva puesta tu barco. Y como en un coche, ir siempre con la marcha equivocada se paga en consumo, en humos y en motor.

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Cavitación: por qué se come las palas de la hélice

Cuando una pala aparece picada como si le hubieran dado con un punzón, casi nunca es corrosión. Es agua hirviendo a temperatura ambiente.

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Cada cuánto conviene revisar la hélice

La hélice es la pieza que más trabaja del barco y la que menos se mira, porque para verla hay que sacarlo del agua. Con aprovechar bien las varadas basta.

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Bronce, latón naval o inoxidable: qué cambia

Saber de qué está hecha tu hélice cambia lo que puedes esperar de ella: cuánto aguanta un golpe, cómo envejece y, sobre todo, si se puede reparar.

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Golpe contra fondo: qué hacer antes de volver a navegar

Tocaste fondo, el motor sigue funcionando y aparentemente no pasa nada. Ese "aparentemente" es el que trae la mitad de las piezas que entran al taller.

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Equilibrado de hélices: qué es y por qué se nota tanto

Es la operación que menos se ve y la que más se nota. Una hélice desequilibrada no rompe hoy: rompe dentro de dos temporadas, y rompe otra cosa.

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El tratamiento de ácido y por qué lo piden los pescadores

Tiene una función técnica evidente y otra que sorprende a todo el que no vive de la pesca: quitarle el brillo al bronce.

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Las averías más comunes en colas de fuera borda

La cola es lo primero que toca cuando el fondo sube antes de lo previsto. Y casi siempre se puede reconstruir, aunque la primera impresión diga lo contrario.

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Mantenimiento de hélices 3 min de lectura

Por qué vibra la hélice de tu barco

Una vibración nueva casi nunca se arregla sola. Suele ser la primera señal de algo que lleva tiempo pasando por debajo de la línea de flotación.

La vibración es el síntoma más común que nos llega al taller y también el más inespecífico: la nota el patrón en el pie, en el timón o en la copa del café. Lo útil es saber a qué régimen aparece y cómo suena, porque eso ya separa la mitad de las causas.

1. Una pala doblada o mordida

Es la causa número uno. Un golpe contra fondo, contra un cabo, contra una red o contra un objeto flotante deforma el borde o dobla la punta de una pala. Basta con que una de ellas no vaya igual que las demás para que la hélice deje de repartir el empuje por igual y empiece a bambolear el eje.

Se reconoce porque la vibración crece con las revoluciones y suele ir acompañada de pérdida de velocidad punta. Si ha habido un golpe reciente, aunque pareciera de nada, es lo primero que hay que mirar. Lo contamos con más detalle en qué hacer después de un golpe contra fondo.

2. Falta de equilibrado

Una hélice puede estar geométricamente correcta y aun así tener el peso mal repartido: por una reparación anterior mal rematada, por desgaste desigual o por corrosión que se ha comido más material de un lado. El resultado es el mismo que una rueda de coche sin contrapesos.

Aquí la vibración es constante y regular, más un zumbido que un golpeteo, y aparece a partir de cierto régimen. Se corrige en banco, en el equilibrado, que es un servicio de media hora de máquina y años de oficio.

3. Cavitación

Si además del temblor oyes un siseo o un crepitar, como grava contra el casco, probablemente sea cavitación. No es suciedad: son burbujas de vapor que se forman y revientan contra la pala, y que con el tiempo le comen el material. Tiene tratamiento y tiene prevención, pero conviene cogerla pronto. Aquí explicamos cómo se detecta y por qué pasa.

4. Eje o bocina

No todo es culpa de la hélice. Un eje ligeramente torcido, un cojinete de bocina gastado o una alineación que se ha movido dan exactamente la misma sensación. La pista suele ser que la vibración aparece también en punto muerto con motor acelerado, o que no cambia al variar el paso de marcha.

Por eso, cuando recibimos una pieza, lo primero es preguntar cómo se comporta el barco. Una hélice perfecta montada sobre un eje torcido seguirá vibrando, y el propietario habrá pagado una reparación que no era la suya.

5. Incrustaciones

La más barata de arreglar y la que más veces se pasa por alto. Percebe, alga y suciedad pegados de forma desigual cambian el perfil hidrodinámico de la pala. Antes de diagnosticar nada, la hélice tiene que estar limpia.

Regla práctica: si la vibración apareció de golpe, sospecha de un impacto. Si ha ido creciendo poco a poco durante meses, sospecha de desgaste, corrosión o incrustación.

Qué pasa si se deja estar

Una vibración no es solo incomodidad. El desequilibrio trabaja sobre el eje, la bocina, los soportes y el propio motor. Lo que empieza como una molestia acaba en un retén que gotea, un cojinete comido o, en el peor caso, un eje que hay que sustituir. Reparar la hélice siempre sale más barato que reparar lo que la hélice rompe.

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Mantenimiento de hélices 3 min de lectura

De qué depende el precio de reparar una hélice

No hay tarifa plana, y desconfía de quien te la dé por teléfono sin ver la pieza. Sí hay cuatro factores que explican casi toda la diferencia de precio.

Es la pregunta que más nos hacen y la más difícil de contestar a ciegas. Dos hélices del mismo diámetro pueden llevar una hora de trabajo o tres días, según lo que tengan. Lo que sí se puede explicar es qué mueve el presupuesto, para que cuando te lo den sepas leerlo.

1. El tamaño y el peso

Es lo más evidente: no se manipula igual una hélice de fueraborda que la de un arrastrero. El tamaño condiciona la máquina, el banco, los medios de elevación y el tiempo de cada operación. Dentro del mismo trabajo, el diámetro es el primer multiplicador.

2. El material

Bronce, latón naval e inoxidable no se sueldan igual, no se trabajan igual y no cuestan lo mismo de aportar. El inoxidable exige más preparación y control térmico; el bronce perdona más pero pide su tratamiento posterior. Si no sabes de qué es la tuya, lo vemos en bronce, latón naval o inoxidable.

3. El tipo de daño

Ordenados de menos a más trabajo:

  • Desequilibrio sin daño visible. Banco y corrección. Es el caso más limpio.
  • Bordes mordidos o puntas dobladas. Enderezado y repasado de perfil.
  • Pérdida de sección. Hay que aportar material con soldadura y volver a construir la geometría. Aquí entra el oficio de verdad.
  • Cambio de paso. No es una avería, es una modificación, pero es trabajo de máquina pala a pala. Lo explicamos en qué es el paso y cuándo conviene tocarlo.

4. Los trabajos que se encadenan

Casi ninguna reparación es una sola cosa. Lo habitual es baño de ácido para poder ver la pieza limpia, soldadura donde falta material, repasado de geometría y equilibrado final. Por eso un presupuesto serio se da después de inspeccionar, no antes.

Nuestra forma de trabajar es simple: mándanos una foto por WhatsApp y te decimos si tiene arreglo y por dónde van los tiros. Si hace falta verla, se ve. El presupuesto sale de la pieza, no de una tabla.

¿Reparar o comprar nueva?

La comparación honesta no es «reparación contra hélice nueva de catálogo», sino «reparación contra hélice nueva equivalente». Una hélice bien reparada recupera su geometría y su equilibrado, y sigue siendo la que el barco ya tenía probada. La cuenta suele salir a favor de reparar salvo que la pieza haya perdido demasiado material o esté agrietada en la raíz de la pala.

Cuando no tiene arreglo, lo decimos. Es más barato para todos que intentarlo.

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Mantenimiento de hélices 3 min de lectura

Qué es el paso de una hélice y cuándo conviene cambiarlo

El paso es la marcha que lleva puesta tu barco. Y como en un coche, ir siempre con la marcha equivocada se paga en consumo, en humos y en motor.

El paso es la distancia teórica que avanzaría la hélice en una vuelta completa si el agua fuera sólida, como un tornillo en una madera. Se expresa en milímetros o en pulgadas y va marcado junto al diámetro. Que sea teórico no le quita importancia: es lo que determina cuánto muerde el agua cada vuelta.

Mucho paso o poco paso

La comparación con la caja de cambios funciona bien:

  • Paso largo es ir en marcha larga. Más velocidad punta si el motor puede con ello, pero si le sobra, el motor se ahoga: no llega a las revoluciones máximas, humea, va forzado y se calienta.
  • Paso corto es ir en marcha corta. El motor sube de vueltas con facilidad y empuja bien de salida, pero pierde velocidad punta y consume de más a régimen de crucero.

Cómo saber si el tuyo no es el adecuado

La prueba de referencia es sencilla y no cuesta nada: con el barco en condiciones normales de carga y el fondo limpio, acelera a tope y mira el cuentarrevoluciones.

  • No llegas a las revoluciones máximas que declara el fabricante del motor: te sobra paso.
  • Te pasas de largo de esas revoluciones: te falta paso.

Ojo antes de concluir nada: un fondo sucio, una hélice incrustada o el barco cargado de más dan el mismo resultado que un paso excesivo. Limpia primero, mide después.

Por qué cambia el paso con los años

No siempre es que la hélice fuera la equivocada. El paso se pierde: los golpes doblan las palas, las reparaciones mal hechas dejan ángulos distintos en cada pala, y la corrosión se come el borde. Una hélice que sale de fábrica con un paso determinado puede tener tres pasos diferentes al cabo de unos años, uno por pala.

Qué hacemos en el taller

La modificación del paso consiste en corregir el ángulo de las palas de forma controlada y, sobre todo, igual en todas. Se mide, se compara con la referencia, se corrige y se vuelve a medir. Después va al equilibrado, porque tocar geometría siempre cambia el reparto de masa.

El cambio de paso no es un capricho de afinado: en barcos de trabajo es una de las intervenciones que antes se paga sola en gasóleo. Si has cambiado de motor, de uso o has añadido peso permanente al barco, es muy probable que la hélice que llevas ya no sea la que te toca.

Si quieres que lo veamos, dinos el modelo de motor, las revoluciones máximas que alcanzas y a qué te dedicas con el barco. Con eso y la pieza delante se decide bien. Aquí tienes cómo localizarnos.

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Mantenimiento de hélices 2 min de lectura

Cavitación: por qué se come las palas de la hélice

Cuando una pala aparece picada como si le hubieran dado con un punzón, casi nunca es corrosión. Es agua hirviendo a temperatura ambiente.

La cavitación suena a fenómeno exótico y es pura física. Cuando la hélice gira, la cara de succión de la pala genera una zona de baja presión. Si esa presión baja lo suficiente, el agua hierve en frío y se forman burbujas de vapor. Esas burbujas viajan un instante, llegan a una zona de más presión y revientan contra el metal.

Cada implosión es minúscula. El problema es que son millones, y siempre en la misma zona.

Cómo se distingue de la corrosión

Es la confusión más habitual y conviene tenerlo claro, porque la causa y la solución son distintas:

  • Cavitación: picado profundo y localizado, con aspecto de esponja o de metal comido a mordiscos, casi siempre en la cara de succión y hacia el borde de ataque o las puntas. El resto de la pieza está sana.
  • Corrosión galvánica: ataque más extendido y uniforme, cambio de color del metal, deszincado en latones. Suele venir acompañado de ánodos consumidos o mal instalados.

Qué la provoca

  • Un perfil de pala dañado. Una mordedura en el borde de ataque ya genera el punto de baja presión que dispara el fenómeno. Por eso la cavitación se retroalimenta: empieza en un defecto pequeño y lo agranda.
  • Paso inadecuado o hélice sobrecargada para el motor y el casco.
  • Poca distancia al casco o un flujo de agua perturbado por apéndices, tomas o un arbotante mal orientado.
  • Superficie rugosa. Una pala nunca pulida tras una reparación anterior cavita antes que una bien rematada.

Si la cavitación está en la misma zona de las cuatro palas, sospecha del diseño o del paso. Si está en una sola, sospecha de un daño puntual en esa pala.

Cómo se repara

El material perdido no se recupera puliendo: hay que reponerlo. El proceso en taller es aporte de material con soldadura en la zona comida, reconstrucción del perfil original, repasado fino y acabado. Después, equilibrado, porque se ha añadido y quitado masa.

Y lo importante: si no se corrige la causa, vuelve. Reparar la pala sin revisar el paso, el estado del borde de ataque o el acabado es comprar tiempo, no solucionarlo. Por eso en el proceso del taller el control dimensional va antes que la soldadura, no después.

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Mantenimiento de hélices 2 min de lectura

Cada cuánto conviene revisar la hélice

La hélice es la pieza que más trabaja del barco y la que menos se mira, porque para verla hay que sacarlo del agua. Con aprovechar bien las varadas basta.

No hay un número mágico de horas. Lo razonable es enganchar la revisión de la hélice a la varada, que es cuando el barco ya está fuera y mirarla no cuesta nada extra. A partir de ahí, el uso manda.

Según el uso del barco

  • Recreo, temporada de verano: con mirarla en la varada anual de carena es suficiente en condiciones normales.
  • Uso intensivo o profesional (pesca, charter, servicio): en cada varada, y sin dejar pasar más de un año. Aquí las horas se acumulan rápido y una pérdida de rendimiento del 5 % se nota en la factura del gasóleo.
  • Zonas con mucha red, cabo o fondo sucio: lo que mande el fondeadero. Quien navega donde hay riesgo de enganche lo sabe mejor que nadie.

Qué mirar cuando el barco está fuera

Con la pieza limpia, no antes:

  • Bordes de ataque y de salida. Mordeduras, melladuras, puntas dobladas.
  • Cara de succión. Picado, que es la firma de la cavitación.
  • Raíz de la pala. La zona de unión al cubo es donde más se concentra el esfuerzo y donde una grieta es más grave.
  • Ánodos. Si están enteros al cabo de una temporada, algo falla en la protección, no es buena noticia.
  • Chaveta, tuerca y cono. Que asiente bien y esté frenada.

Señales de que no hay que esperar a la varada

Hay cosas que piden sacarla antes:

  • Vibración que ha aparecido de golpe, sobre todo tras un golpe o un enganche. Lo desarrollamos en por qué vibra la hélice.
  • Pérdida de velocidad punta sin explicación, o no llegar a las revoluciones de siempre con el fondo limpio.
  • Ruido nuevo: siseo, crepitar, golpeteo rítmico.
  • Consumo que sube sin haber cambiado ni la carga ni la forma de navegar.

Una revisión preventiva se resuelve casi siempre con limpieza, repasado y equilibrado. Una reparación de urgencia en plena temporada se resuelve con soldadura, con más días de taller y con el barco parado. La diferencia no es técnica: es de calendario.

En el taller hacemos inspecciones y mantenimiento preventivo: la pieza se mide, se compara con su referencia y sale con sus cotas comprobadas. Si vas a varar, avísanos y lo cuadramos con tus fechas.

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Mantenimiento de hélices 3 min de lectura

Bronce, latón naval o inoxidable: qué cambia

Saber de qué está hecha tu hélice cambia lo que puedes esperar de ella: cuánto aguanta un golpe, cómo envejece y, sobre todo, si se puede reparar.

En el taller entran básicamente tres familias. Cada una tiene su sitio y ninguna es mejor en abstracto: depende del barco, del uso y del agua por la que navega.

Bronce

Es el material clásico de la hélice marina y con el que más trabajamos. Aguanta bien la corrosión en agua salada, tiene una resistencia razonable y, lo que más cuenta desde nuestro lado, se repara bien: admite aporte de soldadura, se deja trabajar para recuperar geometría y responde al repasado.

Es dúctil, lo que en un golpe suele jugar a favor: la pala se dobla antes de partirse. Una pala doblada se endereza; una pala partida hay que reconstruirla.

Latón naval

Más económico y muy extendido en embarcaciones pequeñas y medianas. Se trabaja con facilidad, pero es más blando y, sobre todo, es sensible al deszincado: en determinadas condiciones el agua se lleva el zinc de la aleación y deja un metal poroso, de color rosado, que ha perdido resistencia aunque por fuera parezca entero.

Cuando vemos ese tono rosado en una pala, lo decimos: es una pieza que puede partir sin avisar.

Inoxidable

El más duro de los tres. Aguanta mejor la erosión, mantiene el filo del borde de ataque durante más tiempo y permite perfiles más finos, lo que se traduce en mejor rendimiento. Se usa mucho en fueraborda de potencia y en embarcaciones rápidas.

Tiene dos contrapartidas. La primera, que al ser tan rígido no absorbe el golpe: lo transmite al eje y a la transmisión, así que un impacto fuerte puede salir más caro de lo que parece. La segunda, que su reparación exige más control: la soldadura del inoxidable pide preparación, control del aporte de calor y saber lo que se hace, porque un cordón mal dado deja la zona frágil.

Los tres se reparan. Lo que cambia es el procedimiento, el tiempo de máquina y el margen que deja cada material. Ninguno es «desechable» por sistema: eso hay que verlo pieza a pieza.

Una cosa que afecta a los tres: la pareja galvánica

Metales distintos en contacto dentro del agua de mar montan una pila. El menos noble se sacrifica, y si no le has puesto un ánodo que haga ese papel, el sacrificado será tu hélice o tu eje. Ánodos en buen estado, del tipo correcto para tu agua y bien contactados: es el mantenimiento más barato que existe y el que más se descuida.

Si no sabes de qué es la tuya, mándanos una foto. Se distingue bastante bien por el color, el acabado y las marcas del cubo. Aquí tienes cómo escribirnos.

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Mantenimiento de hélices 3 min de lectura

Golpe contra fondo: qué hacer antes de volver a navegar

Tocaste fondo, el motor sigue funcionando y aparentemente no pasa nada. Ese "aparentemente" es el que trae la mitad de las piezas que entran al taller.

Un toque contra arena suele quedarse en el susto. Contra roca, contra un cabo o contra un objeto sumergido, casi nunca. Y el problema es que el barco sigue navegando, así que es fácil quitarle importancia hasta que la avería es otra y más cara.

Lo primero, en caliente

  • Para el motor si el ruido ha cambiado o notas vibración clara. Seguir forzando con una pala doblada castiga eje, bocina y transmisión.
  • Comprueba sentina. Un golpe fuerte en el eje puede afectar al prensaestopas o a la bocina. Es la revisión urgente, más que la hélice.
  • Vuelve a puerto despacio y al mínimo régimen que te permita gobernar. No es momento de comprobar si aún alcanza la velocidad de siempre.

Qué revisar después, con calma

Aunque no haya vibración evidente:

  • Las puntas y los bordes de las palas. Las deformaciones pequeñas se ven mejor mirando la hélice de canto, comparando una pala con otra.
  • La raíz de las palas. Ahí es donde aparecen las grietas, y una grieta en la raíz es motivo para no volver al agua.
  • El eje. Con el barco fuera, girándolo despacio, un eje torcido se delata.
  • La chaveta y la tuerca del cono. Un golpe fuerte puede haber movido el asiento.
  • Soportes y arbotante. Que no hayan cedido ni se hayan desalineado.

Una hélice puede estar visualmente bien y haber perdido el paso en una pala. Eso no se ve a ojo: se mide. Si el golpe fue serio, la única comprobación fiable es el control dimensional en banco.

Por qué no conviene enderezarla en el pantalán

Es tentador, se ha hecho toda la vida y es la peor idea de la lista. Dar golpes en frío a una pala deja tensiones internas, desiguala el paso entre palas y, en latón deszincado o en inoxidable, puede iniciar una grieta que no verás.

El enderezado correcto se hace con la pieza sujeta, con calor cuando el material lo pide, midiendo antes y después, y rematando con equilibrado. Es lo que separa una reparación de un apaño.

Y si enganchaste un cabo

Un cabo enrollado en el eje aprieta muchísimo y calienta. Además del posible daño en la hélice, revisa el retén y el estado de la bocina: es habitual que el cabo se lleve por delante la estanqueidad aunque la hélice haya quedado intacta.

Si has tenido un golpe y tienes dudas, mándanos una foto de las palas por WhatsApp. Te decimos si es para preocuparse o no antes de que muevas la pieza.

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Mantenimiento de hélices 2 min de lectura

Equilibrado de hélices: qué es y por qué se nota tanto

Es la operación que menos se ve y la que más se nota. Una hélice desequilibrada no rompe hoy: rompe dentro de dos temporadas, y rompe otra cosa.

Equilibrar una hélice es conseguir que la masa quede repartida por igual alrededor del eje de giro. Dicho así parece poco. Puesto en el agua, es la diferencia entre un barco que va suave y uno que tiembla a régimen de crucero.

Por qué se desequilibra

  • Después de cualquier reparación. Si se ha aportado material con soldadura o se ha rebajado una zona, el reparto de peso ha cambiado. Por eso el equilibrado es siempre la última operación, nunca una opción aparte.
  • Por desgaste desigual. Cavitación y erosión no atacan por igual a las cuatro palas.
  • Por corrosión. El material que se come el agua pesaba.
  • Por reparaciones anteriores mal rematadas. Nos llegan piezas "arregladas" en las que cada pala tiene su propio criterio.

Qué pasa si no se hace

Una masa descentrada girando a cientos de vueltas por minuto genera una fuerza que tira del eje en una dirección distinta cada vuelta. Esa fuerza no desaparece: la absorben, por este orden, el retén, el cojinete de bocina, el eje y los soportes del motor.

El propietario lo percibe como una vibración molesta. Lo que está pasando por debajo es desgaste acelerado de piezas que cuestan bastante más que el equilibrado. Y en barcos de trabajo, además, es ruido y cansancio para quien pasa ahí la jornada entera.

Una hélice puede tener el paso perfecto y estar desequilibrada, y al revés. Son dos cosas distintas y las dos se comprueban. Si te dan una reparación sin pasar por banco, pregunta por qué.

Cómo se hace en el taller

La pieza se monta en el banco y se localiza el punto pesado. La corrección se hace retirando material donde sobra, siempre en zonas que no comprometen ni la resistencia ni el perfil hidrodinámico, y se vuelve a comprobar hasta dejarla dentro de tolerancia.

El orden importa: primero geometría, después equilibrado. Equilibrar una hélice a la que luego vas a corregir el paso es trabajo tirado, porque al tocar las palas vuelve a descompensarse. Ese es el motivo de que en nuestro proceso el equilibrado sea el paso cinco y no el dos.

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Mantenimiento de hélices 2 min de lectura

El tratamiento de ácido y por qué lo piden los pescadores

Tiene una función técnica evidente y otra que sorprende a todo el que no vive de la pesca: quitarle el brillo al bronce.

El baño de ácido es de esos tratamientos que parecen un detalle del proceso y acaban siendo la razón por la que un cliente concreto viene al taller.

La función técnica

Una hélice que sale del agua llega cubierta de incrustación, cal, restos de pintura y óxido. Sobre eso no se puede trabajar: no se ve el estado real del metal, no se puede medir con fiabilidad y, desde luego, no se puede soldar.

El tratamiento de ácido deja el metal desnudo. Solo entonces aparece lo que de verdad tiene la pieza: el picado de la cavitación, una grieta fina en la raíz de una pala, una zona deszincada. Por eso en casi toda reparación es lo primero que se hace, antes del control dimensional y mucho antes de la soldadura.

La función que pide la pesca profesional

Y aquí está lo que casi nadie espera. Una hélice de bronce recién pulida brilla, y ese brillo se mueve bajo el agua con el giro. En determinadas pesquerías eso es un problema: el destello llama la atención donde no interesa y espanta donde interesa que no se espante.

El tratamiento de ácido deja un acabado mate y uniforme, sin reflejos. Para un barco de recreo es indiferente. Para quien vive de lo que entra en la red, no lo es, y es un motivo por el que nos traen piezas que técnicamente no necesitaban nada más.

Es un ejemplo de por qué preguntamos siempre a qué se dedica el barco. El mismo trabajo puede terminar en pulido espejo o en mate según quién lo vaya a usar, y acertar en eso no es una cuestión estética.

Lo que el ácido no hace

Conviene decirlo también. El baño limpia y decapa; no repone material, no corrige geometría y no arregla una pala doblada. Si alguien te ofrece "un baño" como reparación completa de una hélice que ha sufrido un golpe, te está vendiendo la preparación y llamándola trabajo.

El tratamiento de ácido es uno de nuestros siete servicios y normalmente forma parte de un trabajo mayor. Si lo quieres suelto, por el acabado, también se hace.

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Mantenimiento de hélices 3 min de lectura

Las averías más comunes en colas de fuera borda

La cola es lo primero que toca cuando el fondo sube antes de lo previsto. Y casi siempre se puede reconstruir, aunque la primera impresión diga lo contrario.

La cola del fueraborda va la última y va la más baja: es la pieza que se lleva el golpe en un varado, contra una rampa mal calculada o contra una piedra que no estaba en la carta. La buena noticia es que buena parte de esos daños tienen reparación.

Quilla partida o doblada

Es la avería estrella. La aleta inferior, la que hace de quilla, es la que va por delante y la que pega. Puede quedar doblada, mellada o directamente partida.

Se reconstruye: se prepara la zona, se aporta material con soldadura, se recupera el perfil y se remata. El resultado, bien hecho, es una cola que vuelve a gobernar como antes. Es uno de los trabajos que más hacemos.

Carcasa fisurada

Más delicado, porque aquí entra la estanqueidad. Una fisura en la carcasa deja entrar agua al aceite, y eso se carga los rodamientos y el grupo cónico si no se detecta a tiempo.

La señal es clásica: aceite con aspecto de café con leche al vaciarlo. Si eso aparece, hay agua entrando por algún sitio, sea una fisura, un retén o una junta.

Después de cualquier varada, aunque la cola parezca entera, vacía y mira el aceite. Es la comprobación más barata que existe y la que avisa antes.

Daños en el eje de la hélice

Un enganche de cabo o un golpe fuerte pueden dejar el eje de salida torcido. La pista es que la hélice, montada y girada a mano, "cabecea". Es un daño que hay que descartar siempre antes de dar por buena la reparación de la carcasa, porque ninguna cola va bien con el eje torcido.

Corrosión y ánodos

Las colas llevan sus propios ánodos y son de los que más se olvidan. Una cola con los ánodos consumidos y sin reponer empieza a picarse por fuera y a agarrotarse por dentro. No es una avería de golpe: es una avería de temporadas.

Qué se repara y qué no

Se reparan la mayoría de las roturas de quilla, las fisuras localizadas y los daños por impacto en la parte inferior. Cuesta más justificar la reparación cuando la carcasa ha reventado en varias zonas, cuando la corrosión ha dejado el material poroso en profundidad o cuando el daño alcanza los alojamientos de rodamientos.

Como siempre: eso se decide con la pieza delante, no por teléfono. La reparación de colas de fuera borda es uno de nuestros servicios; mándanos una foto y te decimos por dónde va.

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Escrito en el taller de Reparación Hélices Cantabria, Camargo. Más de 20 años reparando hélices marinas, tercera generación en el oficio. ¿Dudas con tu pieza? Llámanos al 654 963 426.